Daniel, mejor conocido como DJ Conde, comenzó a escribirme por Facebook hace tiempo. Se presentaba como DJ , decía haber tocado en España y aseguraba mover la escena gótica en su tierra , Xalapa. Yo respondí con poco interés , pero al día siguiente empezó con mensajes diarios, buenos días incluidos, hasta que poco a poco se ganó mi confianza.
Con el tiempo me dijo que vendría a tocar a mi ciudad y sugirió que nos viéramos después de su evento. Le propuse mejor acompañarlo para verlo tocar , pero evadía el tema. Finalmente accedí a verlo y me pidió que pasara por él al metro.
Cuando llegó, olía claramente a alcohol. Dijo que no había tomado mucho. En el camino pidió pasar por un jugo y después fuimos a mi casa a escuchar música y platicar. A los pocos minutos sacó una botella licor de su mochila y pidió permiso para tomarla. Le dije que no, porque estaban mis hijos en casa. Se puso insistente, minimizando la situación, y terminé accediendo casi a la fuerza.
Comenzó a servirse tragos muy cargados. Le pedí que se calmara. En un momento fui al baño y empezó a tocar la puerta con insistencia. Al salir, intentó besarme; le dije claramente que no, que apenas nos conocíamos. Se molestó.
A partir de ahí su actitud cambió completamente: empezó a decir incoherencias, a tratarme como si fuéramos pareja y a reclamarme cosas de conversaciones pasadas, cuando ni siquiera nos conocíamos en persona. Subió el tono, gritaba, y yo traté de tranquilizarlo porque ya era tarde y no quería problemas con mis vecinos.
No se calmó. Empezó a patear mi refrigerador cuando le dije que, si seguía así, no podía quedarse a dormir. Luego pateó su mochila, la aventó por las escaleras del edificio y rompió su propio celular.
Cabe mencionar que él mismo me había dado el número de su mamá “por cualquier cosa”. Tuve que llamarle para decirle que su hijo estaba haciendo un escándalo, borracho y fuera de control. La señora lo regañó por altavoz y él la insultó muy feo antes de irse a la calle.
Unos 20 minutos después regresó llorando, diciendo que hacía mucho frío y pidiéndome que lo dejara dormir. Acepté con la condición de que se calmara y no tomará más. Se durmió. Yo me fui a mi cuarto.
Al despertar, él ya no estaba. Me había bloqueado de Facebook y WhatsApp.
Después supe que comenzó a hablar mal de mí en redes con gente que me conoce. Peor aún: envió mensajes a mis hijos desde perfiles falsos, insultándome y difamando me de formas que no pienso repetir.
También mencionaba constantemente a un tal Noé, diciendo que eran socios, que le pagaría un viaje a Europa, pero al mismo tiempo se refería a él de manera despectiva, diciendo que solo lo estaba usando.
Mi conclusión: es una persona mitómana, violenta e inmadura. Tiene 42 años y se comporta como un niño. Habla mal de todo mundo: amigos, familia y gente de la escena. Cuando alguien le cae mal, busca meterlo en problemas. Incluso un chico de Veracruz me contó que
Conde lo amenazo diciéndole que le iba a echar a sus amigos del #realunder para que lo expusieran en redes sociales
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